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Resumen de la parashá

 

A causa de su posición privilegiada, el cohén debía ser modelo de pureza y perfección especialmente elevado. Tenía prohibido asistir a funerales, salvo los de sus familiares más cercanos, pues el contacto con la muerte lo contaminaba y le impedía cumplir con sus sagrados deberes. Además, no podía casarse con una mujer que no fuera casta, ni con una divorciada. Reglas aún más rígidas se aplicaban al Cohén Gadol (Sumo sacerdote), que no debía asistir a funerales, incluso al de su pariente más cercano, y sólo podía casarse con una mujer virgen. Cualquier defecto físico descalificaba al cohén para oficiar en el Mishcán (Santurio), aunque conservaba el derecho a su parte de las ofrendas.

También éstas debían estar libres de mácula. Sólo podía ofrecerse un animal de ocho días de vida. Una hembra y su cría no podían ser sacrificados el mismo día.

Durante el año, cierta cantidad de días eran proclamados como de asambleas sagradas, en las cuales se reunía todo el pueblo para rendir culto en elMishcán. Estos días sagrados, en los cuales estaba prohibido trabajar, eran proclamados en el siguiente orden:
a) El shabat, séptimo día de la semana
b) El primero y el último día de Pésaj, la fiesta del pan ázimo. Esta festividad debía ser observada desde el 15 al 21 del mes de Nisán. Una vez que los israelitas hubieran tomado posesión de la tierra de Canáan, debían presentar una gavilla de los primeros frutos de la cosecha de cebada el 16 de dicho mes. Esta ofrenda debía agitarse en el altar como expresión de gratitud a Hashem, y era llamada Omer
c) Shavuot, la fiesta de las semanas. Debía ser observada el 16 de Siván, el quincuagésimo día desde el comienzo del Omer. Se contaban siete semanas desde el segundo día de Pesaj y luego se llevaba al altar una ofrenda de comida consistente de dos hozagas hechas de la nueva cosecha de trigo. Se recordó a los israelitas su deber de dejar para los pobres las espigas caídas de la cosecha.
d) Rosh Hashaná, fiesta del año nuevo, tiene lugar el primer día del añó, Rosh Jodesh Tishrei. Este día es especial: en él se hace sonar el shofar.
e) Iom Kipur, Día de la expiación, se celebra el décimo día de Tishrei. Es una fecha en la cual el pueblo debe ayunar y rezar por la expiación de sus pecados. 
f) Sucot, fiesta de las cabañas. Debía ser observada entre el 15 y el 21 de Tishrei, con gran regocijo. El pueblo debía llevar cuatro especies (Etrog, Lulav, Hadasim, Aravot) como símbolo de acción de gracias, y vivir en cabañas durante ese período para recordar su deambular por el desierto. Sheminí Atzéret, el 22 de Tishrei, debía ser observado también como día de descanso solemne.

Después de esto se le recordó al pueblo su debe de proveer aceite de oliva puro para las lámparas del Bet Hamikdash (Templo sagrado de Jerusalen), que los cohanim debían mantener encendidas continuamente. El pan de proposición debía ser hecho con doce medidas de harina fina, dispuestas en dos filas.

Un converso que había blasfemado contra D-s fue ejecutado por orden del bet din (tribunal)

(Extraído del libro "Lilmod ULelamed" de Edit. Yehuda)

 

Maor Hashabat: Una melodía cautivadora

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Veniqdashtì Betoj Bené Israel... 
Y seré santificado en medio de los hijos de Israel..

 

La siguiente historia fue contada por un Talmid Jajam que la escuchó directamente del hijo de Rab Aharon Leib Shteiman.
La contaremos con la máxima precisión sin aumentar ni disminuir una palabra.

Un Abrej, que vivía en Estados Unidos, se comunicó con Rabí Aharon Kesler, uno de los allegados a Rab Shteiman, solicitándole que le hablara al Rab para que le aconseje que debía hacer, ya que estaba sumergido en terribles sufrimientos.
Al presentarle este Abrej la lista de sus padecimientos, pudo comprobar que se trataba, realmente, de dolores extremos.
En primer lugar, llevaba muchos años de casado, y aún no había podido tener hijos.
En segundo lugar, estaba endeudado por montos altísimos, que ni siquiera sabía como comenzaría a pagar. Y por último, recientemente habían descubierto en él una grave enfermedad.
Estos son solo los sufrimientos más destacados, a grandes rasgos, pero la lista seguía con gran cantidad de padecimientos de distintos orígenes.
Por último, prácticamente desmoronado, le dijo a Rab Kesler que no sabía que hacer con tanto sufrimiento ´Por favor, acérquese al Rab y pregúntele que me aconseja hacer´, pidió el Abrej.

Como Rabí Aharon Kesler hace Tefilá con Rab Shteiman en el primer Minian, se acercó al finalizar la Tefilá, y le trasmitió la situación tal como la había escuchado.
El Rab le respondió según las palabras del Midrash, que cuenta acerca de un músico, virtuoso intérprete de violín. Tan maravillosa era su música que se había ganado la simpatía y el afecto del rey.
Cada vez que el rey tenía algún sufrimiento o tristeza, pedía que le trajeran al violinista, y ni bien este empezaba a tocar su música, se terminaban todos sus pesares.

Una vez el músico trasgredió una ley del reinado, cometiendo un grave delito.
Cuando el rey se enteró, se despertó su furia, y lo llamó para reprocharlo, pero cuando el músico estuvo frente a la corte real, mientras esperaba el veredicto, comenzó a acariciar distraídamente las cuerdas de su violín, y el alma del rey quedó cautivada por los delicados acordes que se desprendían del instrumento. Hasta que se olvidó para qué había hecho llamar al violinista, pidiéndole que siguiera tocando más y más.
Y así ocurrió una y otra vez.
El músico violaba las leyes del reino, el rey lo mandaba a llamar para juzgarlo, el violinista volvía a tocar su instrumento, y el rey olvidaba su furia…

Así es la relación de Hakadosh Baruj Hu con el pueblo de Israel, continúa elMidrash, y dice, por cuanto Hakadosh Baruj Hu ama el canto de Israel en el ´Amen, Iehe Shemé Rabá…´ (estrofa que se contesta en el Kadish), también si, D-s no lo permita, se despierta sobre ellos el fiscal acusador, cuando cantan frente al Creador este cántico, y dicen con voz alta y melodiosa ´Amen, Iehe Shemé Rabá…´, Hashem se deleita al escucharlos y deja pasar todos sus pecados.

´Ve y dile a ese Abrej, le dijo Rab Shteiman a Rab Kesler, que a pesar que no está al alcance de nuestro entendimiento, esto es lo que está escrito. AHakadosh Baruj Hu le agrada esa melodía, y hay secretos escondidos entre sus estrofas para perdonar toda acusación´

Contó Rab Kesler: llamé inmediatamente al Abrej, y le trasmití las palabras del Rab, tal cual como las dijo. Este, las escuchó con agitación y comenzó a hacer hincapié en decir ´Amen, Iehe Shemé Rabá…´ con mucha concentración, yendo de un Minian a otro para responder ´Amen, Iehe Shemé Rabá…´ y así hizo durante un tiempo.
Y de pronto… Milagros fabulosos!

La enfermedad desapareció como si nunca hubiese existido. El problema de las deudas se solucionó de forma asombrosa: uno de los integrantes de la comunidad se acercó a él por propia iniciativa, ofreciéndole un préstamo por tiempo ilimitado. Además de todo esto, tuvo el mérito de tener hijos.
Desde aquel entonces, pasaron ya algunos años, y este Abrej continúa corriendo de un Minian a otro para poder decir ´Amen, Iehe Shemé Rabá…´ con recogimiento.

No nos podemos imaginar cuanto repercute la Tefilá con Minian en elShamaim, Dice el Jafetz Jaim que además de provocar que el honor de Hashem se eleve mucho más que con el rezo individual, tenemos el mérito de cumplir con muchas Mitzvot: respondiendo Amenim, y diciendo Amen Iehe Sheme Rabá, y Kedushá, estas Mitzvot son muy apreciadas por Hashem, y a través de ellas se despierta su cariño al pueblo de Israel, recuerda su sufrimiento en la diáspora y se apresura a salvarlos.

Dice el Midrash: "Hashem pregunta cuando volveré a mi santuario, cuando recogeré a mis hijos de entre las naciones..." y esto ocurre en el momento que se reúnen diez hombres en el Bet Hakneset contestando Amen Iehe Shemé Rabá. 

Todo esto al margen de las palabras de Rabí Ioshua Ben Leví citadas en laGuemará (Shabat 119.2) "Todo el que contesta Amen Iehe... con todo su empeño, se le anulan decretos en el Juicio..."

Cuanto debemos cuidarnos y reforzarnos para no perder la oportunidad de recitar la Kedushá en la Jazará (repetición de la Amida por parte del Jazan), o el Amen Iehe Sheme Raba... y sobre todo no perdernos de contribuir con nuestra presencia a la formación del Minian.

Ciertamente, esta Mitzvá es una de las que sus frutos son saboreados en este mundo, ya que por medio de la santificación de su Gran Nombre, también se santifica nuestra alma, esto está insinuado en el Pasuk: Venikdashtì Betoj Bené Israel, Ani Hashem Mekadishjém. Y seré santificado en medio de los hijos de Israel...Yo soy Hashem que os santifico.

 

 

Parashá de la Semana

Que pase el que sigue

Adaptado del libro Aleinu Leshabeaj. Editador responsable: Eliahu saiegh

 

Editado por Maor Hashabat, de la comunidad Ahabat Ajim, Lanus, Argentina. Editor responsable:Eliahu Saiegh

Estar parado en una fila, es algo que a nadie le gusta, y con razón. 
Sentimos que estamos perdiendo el tiempo, seguramente nos están esperando en otro lugar, tenemos tanto por hacer…
No debe haber una persona en el mundo que sea parte de una larga fila, en la parada del colectivo, en la caja del supermercado o en el banco, que pasado un tiempo prudencial, no comience a impacientarse y a experimentar la conocida sensación: ´estoy perdiendo el tiempo´ o ´estoy tan apurado…´.

En realidad, este es un sentimiento normal, la pérdida de tiempo es algo odiado por todos. Solo quien tiene un libro a su alcance y puede estudiar mientras espera, sentirá que lo aprovechó completamente.
Pero vayamos a nuestra historia. 

Soy una persona muy ocupada y mi esposa, con la que estoy casado hace quince años, se esfuerza por no perturbarme con problemas domésticos, a pesar de la carga natural que representa la crianza de seis niños pequeños.
"No te preocupes, yo me arreglo", me dice siempre que le ofrezco ayuda. Y realmente no se cómo hace, pero tiene un método muy eficaz gracias al cual siempre sale adelante. Ella es verdaderamente una mujer virtuosa.

Sin embargo, una mañana, antes de salir para mi trabajo, me dice:
"Elazar (nuestro bebé de un año y medio), tiene fiebre y está muy decaído, lamentablemente, ni tu mamá, ni la mía, se encuentran en la ciudad y ninguna de mis hermanas ni vecinas están disponibles para llevarlo al doctor. Yo tengo una entrevista muy importante de trabajo y estoy muy retrasada, por favor, llévalo tú a la guardia y luego tráelo a casa y acuéstalo a dormir, que yo me ocupo de conseguir alguien que lo cuide". 

No hay más remedio. Créanme que no recuerdo haber faltado a mi trabajo en los últimos años ni una vez, pero cuando se trata de la salud, y más aún de la salud de mi hijo, esto desplaza todo el resto. 
Son las 8:45 de la mañana, me dirijo rápidamente al hospital, con la esperanza de ser atendido rápidamente. El niño será revisado, analizado, medicado e inmediatamente volveremos a casa. De esta forma será solo un pequeño retraso.

El reloj marca las 9:00 y entro con Elazar a la sala de espera, me siento en uno de los bancos, miro a mí alrededor, y gracias a D-os, delante nuestro solo se encuentra una señora con su bebé. Ella entra al consultorio, el siguiente es nuestro turno…
A los diez minutos, la mujer sale y me dispongo a entrar, levanto a mi bebé de su cochecito, cuando irrumpe en la sala de espera una pareja de padres, trayendo en sus brazos a un niño de unos tres años ensangrentado de la cabeza a los pies.
"Disculpe señor", me pide el padre, "usted podrá darse cuenta que esto es urgente".
¿Qué puedo hacer? Seguramente el niño se cayó y se lastimó, acepto comprensivamente dejarlos pasar. 
Durante más de media hora estuvo ocupado el médico, con la ayuda de la enfermera, en las curaciones del pequeño. Se fueron siendo las 9:45. "Bien", me alegré, "es mi turno. 

De pronto aparece en la sala de espera una señora mayor, apoyada en su bastón y se dirige a mi suplicante: "Siento un dolor muy fuerte aquí, necesito que me atiendan… ¿sería capaz de cederme su lugar?"
"Ribonó Shel Olam", pensé, "debemos respetar a los ancianos, pero mi bebé también necesita atención". 
Pero el doctor, que observaba desde la puerta de su consultorio, me hizo una seña dándome a entender que se trataba de una situación crítica, debía dejarla pasar…

La anciana entró y evidentemente se trataba de un caso complicado, ya que tanto el doctor como la enfermera salían y entraban, llamaron a un especialista, y así pasó casi una hora. A las 10:40 llegó una ambulancia que trasladó a la señora hacia otro centro de atención. 
Nuevamente tomo a Elazar en mis brazos y decido íntimamente que pase lo que pase, no cederé mi turno, también mi hijo necesita ser atendido.

Me sobresalto por el golpe de las puertas de entrada, abiertas bruscamente y con apuro por dos señoras que traían apoyada sobre sus hombros, a una joven, pálida como la leche. 
El doctor no necesitó hacerme ninguna seña. Inmediatamente comprendí que también en este caso ella tenía prioridad y la palidez de la cara de la paciente le abrió el camino hacia el consultorio, y a mí y a mi hijo Elazar no nos quedó más que esperar una salvación inmediata, que seguramente llegaría. 
Pasaron otros cuarenta minutos, mientras tanto, la sala de espera se llenó de niños con sus madres. Todos sabían que yo era el primero de la fila. Pero estar a la cabeza de la fila, era solo una cuestión semántica. 

A las 11:30, sale el doctor y nos informa a todos: "Lamento comunicarles que debo retirarme por una urgencia, ya que me reclaman de la sala de cirugía, en media hora llegará otro doctor que me reemplazará y los atenderá a todos". 
Miro mi reloj digital y comienzo a sentir que mi paciencia se agota… Elazar empieza a lloriquear y yo no tengo experiencia en chupetes y mamaderas… pasan los minutos y el doctor no llega.

Comienzo a fastidiarme y siento que el enojo comienza a hervir dentro de mí, el vapor se expande y amenaza con estallar después de horas de espera, si tuviera plumas, seguramente ya hubiera volado.
Después de treinta y cinco minutos llegó finalmente el doctor, sonriente y de buen humor. "Les pido disculpas, pero recién en media hora podrá ingresar el primero de la lista, ya que primero debo atender una ínter consulta por un paciente en grave estado".

En realidad solo pasó un cuarto de hora, cuando se abrió la puerta del consultorio, me dispuse a ingresar, pero sin despegar mi mirada de la entrada a la sala de espera, rogando que no irrumpiera ningún niño accidentado o un anciano con suero. Que todos tengan salud hasta los ciento veinte años, ¡¿pero cuándo tendré el mérito de ejercer mi derecho de ser el primero en la fila?!
Ocurrió el milagro. Nadie se interpuso. Pude entrar con mi bebé y sentarme frente al doctor. 
Este tomó a Elazar, lo acostó sobre la camilla, sacó una pequeña linterna y con una cuchara le revisó la garganta, controló sus latidos, golpeó su espalda y luego me dijo: 

Señor… es un milagro que yo esté aquí, acérquese que le explico. Comencé mi carrera hace treinta años como pediatra, pero con el tiempo comencé a interesarme en el estudio de los síntomas de las alergias. Ahora, soy profesor de alergia, esta es mi especialidad desde hace quince años. Hoy estoy aquí porque no encontraban quien reemplace al doctor, a quien se le presentó una urgencia, y me pidieron que yo lo hiciera por esta vez.

Ahora bien, con respecto a tu hijo Elazar, el padece una alergia muy rara, que aparece en los niños en la proporción de uno en un millón. Ningún pediatra tiene las herramientas ni la información para reconocer esta alergia, cuyos síntomas son similares a los de la neumonía, por consiguiente, el tratamiento que hubiera recibido su querido hijo, no hubiera sido el adecuado y probablemente los síntomas se hubieran agravado, hasta que alguno de los doctores sospechara que se trata de una alergia, y recién en ese momento me lo hubieran derivado a mí. La buena noticia es que, con un tratamiento de solo siete días, con la ayuda de D-os, Elazar se podrá curar completamente. Agradece a D-os que hoy me mandó aquí…"

¿Qué más puedo decir? Está de más aclarar que Elazar se curó completamente, en unos días se fue la alergia y recuperó la energía.
La falta de tiempo es un mal de nuestra sociedad. Siempre estamos apurados y tenemos muchas obligaciones a las que debemos hacer frente. Pero ¿cuánto tiempo le hubiera costado a este padre no esperar a que su hijo fuera atendido, por cumplir con sus ´obligaciones laborales´? ¿Cuánto tiempo le hubiera demandado llegar al médico que hiciera el diagnóstico correcto? 

Nuestro tiempo es valioso, por eso vale la pena invertir un poco de él en nuestros hijos, conversar unos minutos con ellos, contarles un cuento antes de dormir, jugar aunque sea un rato, en definitiva, hacerlos sentir que son ellos, realmente, lo más valioso para nosotros.

 

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